Un turno de nado libre dura menos de una hora, así que la mochila puede ser mínima. Conviene separar dos cosas: lo que la sede te va a exigir para dejarte pasar, y lo que nadie te pide pero vas a echar de menos si no lo llevas.
Sin esto no entras
- Gorro de natación. La silicona aísla mejor y dura más; la tela es más cómoda si te aprieta la cabeza.
- Ropa de baño deportiva. Trusa, jammer o enterizo. Nada de shorts de playa, bermudas ni algodón.
Esa es toda la exigencia habitual en la puerta, además de saber nadar. Lo tienes desglosado en la guía de requisitos para entrar a una piscina municipal.
Nadie te lo pide, pero lo vas a necesitar
- Lentes de natación. El cloro de las piscinas públicas es fuerte y sin lentes acabas con los ojos irritados.
- Sandalias de jebe. El suelo de los vestuarios es la vía rápida a los hongos.
- Toalla. Casi ninguna sede municipal presta.
Se agradece llevar
- Bolsa impermeable para la ropa de baño mojada a la salida.
- Candado pequeño: muchos casilleros son de argolla y no incluyen candado.
- Botella de agua. Se deshidrata más de lo que parece dentro del agua.
- Jabón o shampoo en envase pequeño, para sacarte el cloro antes de salir.
- Efectivo. Varias boleterías municipales no aceptan tarjeta.
Cuidados después de nadar
Enjuágate con agua dulce apenas salgas: el cloro reseca la piel y estropea el elástico de la ropa de baño. Enjuaga también gorro y lentes, y sécalos a la sombra. Un par de lentes bien enjuagados dura años; uno guardado húmedo dentro de la mochila dura una temporada.